El proceso de fabricación de los cables MI requiere una ingeniería precisa debido a su intrincada construcción. En primer lugar, los conductores de cobre o aleación se disponen en la configuración deseada y se encierran dentro de una funda de cobre sin costuras (o de acero inoxidable o aleación, según la aplicación). A continuación, el espacio entre los conductores y la funda se rellena con polvo de óxido de magnesio altamente comprimido que actúa como aislante. Este polvo se somete a compactación vibratoria para lograr una capa de aislamiento densa y uniforme.
Una vez que se completa el ensamblaje del cable, se lo somete a un proceso conocido como recocido, que implica calentar el cable para eliminar las tensiones residuales creadas durante el procesamiento de las piezas de cobre. El recocido también elimina la humedad residual del óxido de magnesio, optimizando así sus propiedades aislantes.
Después de eso, el cable se somete a una serie de ciclos de estiramiento y recocido intermedio. El estiramiento reduce el diámetro del cable a un tamaño específico. El recocido intermedio restaura la ductilidad y evita la rotura del conductor. Hacia el final del proceso de fabricación, los extremos del cable MI suelen sellarse con compuestos de fundición para evitar la entrada de humedad. Y la cubierta exterior puede recubrirse con LSZH para una mayor protección.
Por último, los cables terminados se someten a pruebas rigurosas para confirmar que la resistencia del aislamiento, la rigidez dieléctrica y otros parámetros críticos del cable cumplen con los estándares de seguridad y de la industria. Un control de calidad estricto es esencial para garantizar que los cables alcancen las expectativas de rendimiento en aplicaciones exigentes.






